3 junio, 2020

POR SER MUJERES

Por ser mujeres, las pensionistas seguimos sufriendo la brecha en nuestras pensiones y formamos parte de ese gran colectivo de las más precarias. Por ser mujeres nos discriminan. Por ser mujeres quieren mantenernos invisibles, sumisas y calladas. Por ser mujeres nos violentan.

Este 16 de octubre, la comisión de mujer de COESPE reclama que la dignidad de la vida humana se sitúe en el centro de la economía y de la política. Y nos declaramos en rebeldía contra esta violencia machista que nos impone un sistema capitalista y patriarcal que, entre otras cosas, mantiene a las mujeres discriminadas con brechas en salarios y pensiones.

Porque somos mujeres, hoy hemos decidido no callar ante las continuas violencias machistas que nos atraviesan. Violencia machista es cuando nos asesinan o nos violan, cuando desde algunos sectores políticos y sociales quitan importancia o niegan esta violencia, a pesar del aumento dramático en lo que llevamos de año. Se lo debemos a esas mujeres que la sufren y la han sufrido. ¡Ni un paso atrás!

Denunciamos un sistema que nos empuja a la precariedad laboral y a la pobreza, al trabajo no remunerado de los cuidados, a la brecha de género salarial, que se agrava con los salarios cada vez más bajos, a la temporalidad, a las jornadas parciales no deseadas por ser madres o tener a nuestro cuidado a personas dependientes, a pasar por muchas etapas en el paro o depender económicamente de los maridos. Somos las que seguimos asumiendo todo tipo de cuidados y el peso del trabajo doméstico, formando parte de la mayoría en la economía sumergida, sin cotizar a la Seguridad Social

Un sistema que nos sitúa en lugares diferentes según la clase, la edad, la orientación sexual, la identidad de género, el lugar que ocupemos en el trabajo, en los cuidados, en el consumo, y en las pensiones. Porque estamos atravesadas por diferentes desigualdades y precariedades queremos destacar a aquellas, que, por su especial vulnerabilidad, sufren peores condiciones laborales y sociales como las migrantes, racializadas, con diversidad funcional o las mujeres trans, cuya triple o cuádruple opresión hace que se les nieguen los derechos básicos.

Ese sistema nos violenta cuando nos expulsan del ámbito laboral por ser madres, o cuando no se valora los trabajos feminizados aplicando salarios y condiciones totalmente precarias, como las trabajadoras del hogar o las kellys, a las que no se les reconocen sus mínimos derechos.

Nos violentan cuando nos someten a una diferencia en nuestras retribuciones por ser mujeres.

Y nos violentan cuando llegamos a ser pensionistas. El rostro de mujer empobrecida se agudiza cuando somos mayores o dependientes. Nosotras, las que hemos trabajado, ya sea en los cuidados, en el hogar, como asalariada, autónomas o en el campo, en el mar; nosotras, las que hemos dedicado la vida a cuidar a otros, en las casas, a personas dependientes, sin cotizar; nosotras, que trabajamos en la economía sumergida, como las “aparadoras”, las que cosen zapatos, las costureras y tejedoras, las artesanas, las mariscadoras o tantas otras; nosotras, las que realizamos la ayuda a domicilio por 4€ la hora para que otros se enriquezcan; nosotras, las que vivimos una época oscura que no nos permitía siquiera tener nuestro propio sueldo, porque lo cobraba el marido o porque decían que nuestro lugar era cuidar del hogar; nosotras, sufrimos la pobreza.

Una de cada cuatro mujeres mayores de 65 años está por debajo del umbral de la pobreza. La brecha de género en las pensiones es de un 37%; somos más del 90% de las pensiones de viudedad, la mayoría de las cuales no se complementan con ningún otro ingreso y cuyas cuantías son muy bajas; somos más del 70% de las pensiones a favor de familiares, mujeres que renunciamos a la vida laboral para cuidar a un familiar con cuantías de miseria; y somos mayoría, también, en las pensiones no contributivas, que demuestran la precariedad y desprotección a la que se nos somete.

Más de 1 millón de mujeres de más de 65 años carece de pensión y viven de las pensiones de sus maridos, muchas de las cuales son también muy bajas.

Más de 1,5 millones de mujeres perciben pensiones por debajo de 500€.

Por eso, defendemos un sistema justo de pensiones públicas, que pasa por aplicar justicia para las mujeres, ante la violencia económica y social que recibimos. Queremos un sistema de pensiones que reconozca el trabajo realizado en los hogares, el trabajo de cuidados o en el campo, ese trabajo indispensable para la supervivencia de la humanidad. Queremos que las reivindicaciones concretas que defendemos para la eliminación de la brecha de género en los salarios y en las pensiones sea parte esencial y urgente de la política de este país. Y queremos que todas las medidas que se lleven a cabo tengan en cuenta que partimos de una situación de desigualdad y que no se puede tener un Sistema Público de Pensiones que mantiene a las personas en la pobreza.

“Un sistema justo de pensiones es el pilar de una vida digna, y su sostenimiento es la clave para la ansiada igualdad entre mujeres y hombres.”

“Por eso estamos de nuevo aquí, en la calle, representando a organizaciones de todo el país, reclamando nuestros derechos y defendiendo el derecho de todas las personas” a una vida digna.